¿Qué decimos, cuando decimos SOLIDARIDAD?

*Escrito por Andrés Wiche, miembro de la Comisión de Reflexión de la Comunidad Organizaciones Solidarias.

Este es un trabajo que intenta asociar las respuestas de 6 adultos a la pregunta amplia por la solidaridad. Los encuestados se encuentran vinculados de una u otra forma al mundo de la solidaridad formal, en el ámbito más o menos privado de las ONG.wiche
No es una tarea fácil, sobre todo cuando al promediar el diálogo, el significado de la palabra parecía oscurecerse en vez de aclararse. Finalmente quedó en manos de este redactor un puñado de hojas que contenían frases de cada uno de los contertulios, conteniendo más dudas que certidumbres.

Reflexionando sobre ello, me parece que es el resultado apropiado, y nos ubica en lo que una materia como esta debe ubicarse: más un ejercicio de preguntas abiertas y de respuestas provisorias, válidas sólo para mantenerse en movimiento, en espera de que la vida vaya proveyendo nuevas informaciones que enriquezcan la respuesta y añadan combustible propulsor a este ejercicio apasionante.

Desde luego, la solidaridad sólo parece existir cuando uno se conecta con otro. La clásica visión que viene de nuestra propia experiencia es que tiene que ver con la justicia, porque tiende a redistribuir la riqueza desde los que la poseen en abundancia hacia los que carecen de ella. Definida como estructura, institución o función, así es. Pero las instituciones no son más que personas moviéndose conjuntamente en pos de algo que representa un interés común.

¿Qué hace, pues, que las personas se muevan hacia otro que ven en una situación desmedrada para ofrecerle su ayuda? ¿Es un impulso de amor generoso, un prístino latido de justicia que resuena apenas la diferencia se hace presente? ¿O es un acto más de egoísmo que busca en esa relación obtener algo que necesita, satisfacer un anhelo que esa presencia frágil del otro despierta? ¿Será tal vez la previsión (la vida tiene muchas vueltas, dicen que dicen los viejos) que nos lleva a sembrar una semillas por si algún día el hambre  llega a nuestra hacienda? ¿O son ambas cosas? ¿O será una intuición profunda, basal, que ni siquiera llegar a cristalizarse en lenguaje, de una comunidad superior a todas las diferencias aparentes, y la que puedo acceder por este camino que llamamos solidaridad?

Todos los que practican la solidaridad saben lo gratificante que es. Y para todos ellos eso fue una verdadera sorpresa. De modo que el movimiento original seguramente ha estado desprovisto de ESE cálculo, pero ¿Qué pasa con los siguientes? ¿Cuál es la ganancia del solidario? La parábola de buen samaritano nos muestra todo lo que da, y nos dice que su motivador fue el sentimiento de compasión que le produce la agredida víctima. ¿De dónde surge esa compasión? ¿Es parte constituyente de nuestra humanidad como la sangre? ¿O es una mera proyección del temor a ser uno mismo la víctima en algún momento?  ¿O una forma mágica de conjurar a la divinidad para que nos preserve de llegar a ser un día la víctima? Es difícil deshacerse de razonamientos de siembra y cosecha, es difícil no quedar atrapado en la mercantilización de las relaciones, en la gratificación fácil de sentirse proveedor y hasta salvador de otros.

Vista así, la solidaridad deja de ser una acción que se justifica a sí misma en cada acción, y se nos aleja hasta el horizonte, donde se nos instala siempre lejana por más que rememos hacia ella. Una jornada de héroes que saliendo de sí terminan por encontrarse, completarse, plenificarse. Una travesía desde la falsa riqueza de la individualidad hacia la generosa fecundidad de la comunión, desde la jactanciosa certidumbre de un mundo personal, controlado, ordenado, a la sabiduría de la incertidumbre, al aparente caos de la diversidad, a la dinámica de la vida compartida en que los significados cambian constantemente, al torbellino de las paradojas donde todo queda “patas arriba” (donde la riqueza es pobreza y vice versa; donde saber es cosa de necios y la incertidumbre, sabiduría máxima; donde la vida se gana sólo perdiéndola)
En este camino hacia la solidaridad, nuestro héroe aprende que deberá despojarse de sus armas, para asumir las herramientas apropiadas. Aprenderá a ver cuando mira al otro, y que la única forma de lograrlo será mirándose primero a sí mismo con toda verdad, sus propios miedos, oscuridades, dudas, vacilaciones, hasta descubrir en el otro no un inferior sino un igual: uno que con otras señales exteriores, se le hermana en lo esencial. Hasta saber sin duda que su necesidad de la relación es tan definitiva como la del otro, que lo necesita tanto como él es necesitado. Y lo hará como los caminos de la vida, arroyos, vertientes y ríos: rápido y lento, directo y sinuoso, avanzando y retrocediendo, mirando su destino y perdiéndolo de vista; descubriendo, otra paradoja, que a medida que avanza, quedan pocas respuestas y se multiplican las preguntas.

Buscará ser sincero, aunque muchas veces sucumbirá a la tentación de mentir y mentirse. Aprenderá que a veces el movimiento más rápido es la quietud, el saber estar, hacerse presente.
Y conocerá la desesperante ansiedad de los callejones sin salida, que lo agobiarán hasta que encuentre la forma de salir del callejón de su propia mente y pensando de una manera  nueva encuentre la salida.
En su orgulloso andar primero irá destrozando sus fortalezas hasta quedar desnudo en su fragilidad. Entonces sabrá cuán verdaderamente fuerte es.

Y cuando lo haga, podrá decir como el maestro Zen: “Antes de la iluminación, cortaba leña y transportaba agua. Luego de la iluminación, corto leña y transporto agua”

Como bien señala el buen texto de Andrés, la solidaridad no se entiende si no es a través del encuentro con el otro, tal como acontece en la parábola del Buen Samaritano. Pues bien, quisiera complementar lo dicho, postulando precisamente que el hombre capaz de solidaridad se realiza en la medida que reconoce como valioso a un "otro" delante de él, y sólo en ese reconocimiento se vuelve capaz de ser solidario.

En efecto, creo que lo que entendemos por solidaridad, en ocasiones queda sumido en una falsa concepción de autonomía, que nos señala que lo único que importa somos nosotros mismos, y a partir de nosotros, aparecen los demás como seres con quienes solidarizar. Esta autonomía, queda reflejada en las acciones que puede o no hacer el hombre para salvar la desproporción que existe entre unos y otros. El punto es que lo distintivo del hombre moderno, ha sido el reconocerse a sí mismo como sujeto operante de la realidad, por lo que en la lógica de la solidaridad, no resulta difícil ser héroe.

El ejemplo del Buen Samaritano, pone de relieve, no el acto heroico de intervenir en la ayuda del otro, sino por el contrario, pone en evidencia el reconocimiento que podemos hacer del otro. En este sentido, sólo en la medida que valoro al otro en sí mismo, que me intereso por él, que atiendo sus sufrimientos, es que me vuelvo capaz de solidaridad.

La solidaridad por tanto, es la respuesta del hombre capaz de reconocer en el otro, alguien distinto de él, que lo interpela a realizar algo que necesariamente brota de su encuentro, y no de su autonomía. Quizás en este sentido, es más apropiada la significación de Justicia de Rawls que la de Tomás, porque apela no a la distribución justa de unos con respecto a otros, sino al derecho de igualdad, que cada uno como un "otro" merece como miembro de la sociedad, especialmente en la atención que le debemos a los más necesitados.

En este sentido, la solidaridad nos pone en relación, nos invita a enfrentar la vida desde la perspectiva del otro, y en ella a poder enriquecernos desde ese encuentro para plenificarnos mutuamente. Por tanto, la solidaridad no se logra sino a través de un encuentro donde la necesidad del otro se hace nuestra, y en dónde nuestro reconocimiento sobre este otro nos faculta para ser solidarios. De este modo, a partir de ese acontecimiento relacional, surge nuestra verdadera autonomía de hombres libres y dispuestos, para forjar una auténtica cultura de la solidaridad.

Saludos, Jorge

querido Andrés

como siempre notable lo que sale de ese don de reflexión e interpretación que tienes.

Pero lo que me queda es el gusto de cuestionar y no dar por hecho y cerrado un tema.

Cuántas veces me veo intentando encerrar una idea, una pregunta, en una definición, en una respuesta... es sin duda el miedo al vacío, al saber que todo me sobrepasa. Pero cuánto más valor existe en dejarme llevar por el miedo a la incertidumbre al "solo se que nada se" y de cara al misterio saber que todo esta por descubrirse.

Tu reflexión me lleva a desarticular una vez mis convicciones, mis deficiones y abrirme a lo nuevo de cada día.

Y en relación a la solidaridad, que alegría saber que poco a poco la estamos comemnzando a liberar del "libre"mercado, o mejor dicho de la "prisión" del mercado.

gracias Andrés

Hola Pe,

es posible que nos juntemos un día?

muchas gracias, carolina.

2695322

-9-9996417

 

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